Las pequeñas peleas entre niños: cuándo intervenir
Una riña por un juguete, un «no es justo» que sube, y ahí estamos, tironeados: ¿intervenimos o dejamos hacer? Buena noticia: no todas las peleas piden un árbitro. Muchas son ocasiones valiosas para que el niño aprenda a resolver un conflicto. El papel del padre o la madre no es decidir, sino acompañar: acercarse con calma, nombrar las emociones y dejar que los niños busquen la solución.
Una pelea, ¿es por fuerza un problema?
No, no siempre. Los pequeños conflictos forman parte del aprendizaje de la convivencia. Conviene recordar que los más pequeños son naturalmente egocéntricos y posesivos. Tienden a apropiarse de las cosas sin tener en cuenta al otro, lo que puede provocar conflictos. Dicho de otro modo, reñir por un juguete, a esta edad, es banal y esperable.
Más aún: estas fricciones son formativas. Tomarse el tiempo de describir el problema y nombrar las emociones que sienten los niños les ayuda a aprender a resolver sus conflictos. Una pelea bien acompañada no es un fracaso educativo. Es una pequeña lección de vida en sociedad.
¿Cuándo dejar que los niños lo resuelvan solos?
Siempre que sea posible sin peligro. La tentación de resolver el problema en su lugar es fuerte, pero les priva de un aprendizaje. Conviene dejar margen: ayudar a los niños a encontrar una solución les permite volverse más autónomos y creativos en la búsqueda de soluciones y aprender a controlarse mejor en una situación frustrante.
En concreto, a menudo se puede quedar en segundo plano unos segundos, observar, y ver si los niños encuentran un terreno de acuerdo. También conviene animar al niño a acudir a un adulto si necesita ayuda para resolver una pelea. La idea: estar disponible sin imponerse. Presente, pero no por encima del hombro.
«La gran riña»
Un cuento suave donde dos amigos se pelean y luego encuentran juntos cómo reconciliarse. Para hablar de las peleas sin dramatizar, por la noche, sin pantalla.
Escuchar el episodio¿Cuándo hay que intervenir, y cómo?
Entramos en escena en cuanto hay un gesto agresivo, o cuando los niños están visiblemente atascados. Y lo hacemos de una manera muy concreta. Para los más pequeños, el modo de empleo es: acércate rápida y tranquilamente a los niños que se pelean. Expresa tu desacuerdo y detén el gesto agresivo, si lo hay. Nombra las emociones de los niños y pregúntales qué ha pasado.
El orden cuenta: primero se asegura, después se comprende. En vez de buscar quién empezó, se reformula la situación para cada uno, por ejemplo «tú estás jugando con el camión, y tú también lo querrías». Luego se les invita a proponer una solución. Conviene animarlos a hacer una petición con palabras, a intercambiar el juguete o a jugar cada uno a su turno.
La trampa: jugar al juez
Nuestro reflejo natural es señalar a un culpable. Es justo lo que vale más evitar. Para los niños de 3 a 5 años, conviene no reñir a los que se pelean ni buscar culpables. Mejor intentar comprender qué ha desencadenado el conflicto. Buscar a un culpable cierra la conversación; buscar una causa la abre.
Otros dos límites útiles. Primero, no se fuerza el compartir: si uno de los pequeños no quiere intercambiar un juguete, no lo fuerces. Explica al otro niño que podrá pedírselo más tarde. Segundo, evitamos comprar la paz: ceder para que el conflicto termine antes puede, a la larga, fomentar las pataletas. Guiamos hacia una solución, no la imponemos repartiendo recompensas.
Algunas referencias para el día a día
Para transformar las riñas en aprendizajes:
- Antes de intervenir, observa: dales una oportunidad de encontrar solos una solución.
- Si hay un gesto agresivo, acércate con calma y haz que cese primero.
- Nombra las emociones de cada uno y pregunta qué ha pasado, sin buscar culpables.
- Ayúdalos a proponer una solución: intercambiar, jugar cada uno a su turno, pedir con palabras.
- No fuerces el compartir y no compres la paz con una recompensa.
Una palabra para respirar: unos niños que se pelean no son unos niños mal educados. Son niños que aprenden, bajo tu mirada, el arte delicado de convivir con los demás. Tu calma es su mejor modelo.
Las preguntas que te haces
¿Hay que intervenir en cada pelea entre niños?
No necesariamente. Muchas pequeñas peleas son ocasiones para aprender a resolver un conflicto, y ayudar a los niños a encontrar por sí mismos una solución los vuelve más autónomos. Se interviene sobre todo cuando hay un gesto agresivo o cuando los niños están bloqueados. El resto del tiempo, estar disponible sin imponerse suele bastar.
¿Cómo reaccionar cuando dos niños se pelean por un juguete?
Acércate con calma y haz cesar todo gesto agresivo. Nombra las emociones de cada uno, pregunta qué ha pasado, y luego ayúdalos a proponer una solución como un turno. Si uno no quiere prestar, no se le fuerza: se explica al otro que podrá pedirlo más tarde.
¿Debo buscar quién empezó la pelea?
Vale más evitarlo. Para los niños de 3 a 5 años, se recomienda no buscar culpables, sino más bien comprender qué ha desencadenado el conflicto. Señalar a un culpable cierra el diálogo, mientras que buscar la causa ayuda a los niños a poner palabras a la situación y a encontrar juntos una salida.