Aprender a compartir (y gestionar las peleas): guía para los 3-7 años
«¡Es mío!»: si lo oyes diez veces al día, es normal. Compartir es una verdadera dificultad antes de los 4 años, porque un niño pequeño ve el mundo desde sí mismo. Puedes acompañarlo sin forzarlo: dándole tiempo, valorando los turnos, respetando sus objetos preciados. Y cuando estalla una pelea, tu calma desactiva más que tu arbitraje.
¿Por qué mi hijo no quiere compartir nada?
Porque, sencillamente, todavía no es capaz. Y no es egoísmo, es su etapa de desarrollo. La noción de compartir no es fácil de entender para un niño pequeño antes de los 4 años, porque tiene una visión egocéntrica del mundo. Ve la vida a partir de sus necesidades y tiene dificultad para ponerse en el lugar del otro.
Para un pequeño, todo lo que está a su alcance le pertenece. En cuanto sostiene un objeto en las manos, piensa: «¡Es mío!», en lugar de decirse: «¡Tengo muchas ganas de jugar con este objeto!». Pedirle que comparta a esta edad es pedirle algo que todavía no tiene sentido para él.
¿A qué edad llega, de verdad?
Progresivamente, y más tarde de lo que imaginamos. El punto de referencia es claro: el niño no comprende de verdad el sentido de la palabra «compartir» antes de los 4 años. Incluso a los 5 o 6 años, muchos niños siguen necesitando ayuda para compartir.
Hacia los 4 años, las cosas se desbloquean: el niño empieza a entender mejor la noción de compartir, logra intercambiar ideas y juguetes con más facilidad y le gusta dar y recibir. Hacia los 5 años, con tu ayuda, puede comprender que, si un objeto es preciado para él, puede serlo también para otro niño. En resumen, se siembra pronto, pero se cosecha poco a poco.
¿Cómo acompañarlo sin forzarlo?
La regla de oro: animar, nunca obligar. Lo más recomendable es reforzar el valor de compartir en lugar de forzar a tu hijo a compartir. En lugar de arrancarle el juguete, proponle: «Puedes jugar con este juguete un rato. Pero, cuando hayas terminado, ¿quieres ir a dárselo a tu amigo que querría tenerlo?».
Tres apoyos muy concretos. Primero, el tiempo: dale a tu pequeño el tiempo de descubrir un juguete que acaba de recibir antes de pedirle que lo comparta. Después, los turnos: «Juegas unos minutos con este juguete, y luego le tocará a tu hermano». Por último, el respeto a los objetos queridos: se puede permitir a tu hijo no compartir un objeto que tiene un valor afectivo para él (por ejemplo, su peluche o su muñeca). Un peluche no se comparte, y está muy bien así.
«Cada uno su turno»
Una historia dulce donde dos amigos descubren el placer de jugar juntos. Para hablar de compartir sin lección de moral, por la noche, sin pantalla.
Escuchar el episodio¿Y cuando estalla la pelea?
Lo primero: respirar, y acercarse con calma. Un buen consejo es acercarse rápido y con calma a los niños que se pelean. Expresa tu desacuerdo y haz cesar el gesto agresivo, si lo hay. Nombra las emociones de los niños y pregúntales qué ha pasado.
Lo segundo: no hacer de juez. La tentación de encontrar un culpable es fuerte, pero no ayuda. Para los más mayores, es preferible no reñir a los niños que se pelean ni buscar un culpable. Intenta más bien entender qué desencadenó el conflicto. Y sobre todo, deja que los niños busquen la solución: tomarse el tiempo de describir el problema y nombrar las emociones que sienten los niños los ayuda a aprender a resolver sus conflictos. Guiamos, no decidimos en su lugar.
Tu ejemplo, una y otra vez
Los niños aprenden a compartir viéndonos compartir. Conviene recordarlo: sé un modelo. Cuando compartes con él, aprende a comportarse de la misma manera con los demás y a dar de forma voluntaria. Una pala prestada al vecino, un pastel cortado en dos ante sus ojos: esos pequeños gestos hablan más que mil instrucciones.
Piensa también en los juegos que hacen equipo. Una buena idea es favorecer los juegos que permiten la colaboración y la cooperación, como los bloques de construcción, los rompecabezas o los juegos de mesa en pareja. Cuando se construye juntos, compartir se vuelve un placer, no una obligación.
Algunos puntos de referencia para el día a día
Para transformar «es mío» en «ahora es tuyo»:
- Dale tiempo para apropiarse de un juguete antes de proponer compartirlo.
- Introduce los turnos: un rato cada uno, es concreto y justo.
- Respeta sus objetos preciados. El peluche tiene derecho a seguir siendo suyo.
- En caso de pelea, acércate con calma, nombra las emociones, déjalos buscar la solución.
- Da ejemplo y prioriza los juegos de cooperación. Compartir se aprende jugando.
Una palabra para respirar: un niño que todavía no comparte no es un niño egoísta. Es un niño cuyo cerebro no ha terminado de crecer. Con tu paciencia y con el tiempo, compartir llegará solo.
Las preguntas que te haces
¿Hay que obligar a mi hijo a prestar sus juguetes?
No. Es preferible reforzar el valor de compartir en lugar de forzar al niño a compartir. Le damos tiempo para disfrutar de su juguete, le proponemos los turnos, y respetamos los objetos que tienen para él un valor afectivo, como el peluche. El compartir impuesto crea tensiones; el compartir animado crea las ganas.
¿A partir de qué edad sabrá compartir mi hijo?
Se construye progresivamente. El niño no comprende de verdad el sentido de la palabra compartir antes de los 4 años, e incluso a los 5 o 6 años, muchos siguen necesitando ayuda. Hacia los 4 años, empieza a intercambiar con más facilidad y a disfrutar de dar. Cada niño va a su ritmo: acompañarlo cuenta más que apremiarlo.
¿Cómo reaccionar cuando dos niños se pelean por un juguete?
Acércate con calma y haz cesar todo gesto agresivo. Nombra las emociones de cada uno y pregunta qué ha pasado, sin buscar un culpable. Ayúdalos a encontrar ellos mismos una solución, por ejemplo un turno. Si uno no quiere prestar, no lo forzamos: le explicamos al otro que podrá pedirlo de nuevo más tarde.