La noche en que la luna se disfrazó
Esa noche, en la Aldea de las Calabazas, era la noche de Halloween, la más bonita del año. Pero faltaba algo… ¿Lo notas tú también? Normalmente, en el cielo hay una gran luna redonda y dorada que ilumina toda la Aldea con su luz suave. Y esta noche, el cielo estaba negro del todo: la luna no estaba. En la Plaza de los Faroles, de pronto todos se sintieron un poco más pequeños, un poco más solos, incluso Réglisse, al que no le gusta nada la oscuridad. Porque la oscuridad, dice Réglisse temblando, es donde se esconden todas las cosas que no se ven, y las cosas que no se ven son las peores. Pero Zélie mantiene la calma: la luna no desaparece así como así, seguro que está en algún sitio. Así que, muy valiente, decide subir a buscarla, para devolverle a la Aldea su bonita luz suave. Buscando en la noche, Zélie y Réglisse descubren que la luna no se había escapado: para la noche de Halloween, ¡simplemente le habían entrado ganas de disfrazarse a ella también! Escondida tras su disfraz, ya no se atrevía a mostrarse. Basta un poco de ternura y unas palabras amables para que por fin se quite la máscara y vuelva a brillar. Este cuento ayuda a tu hijo a domar el miedo a la oscuridad, mostrándole que la noche no está llena de peligros, sino a menudo llena de sorpresas dulces. Tranquiliza: lo que ya no se ve no ha desaparecido, siempre vuelve, como la luna tras su disfraz. Un bonito mensaje para los pequeños a los que la oscuridad a veces inquieta de noche. Y cuando la gran luna redonda por fin reaparece e inunda la Aldea con su luz dorada, todos sueltan un largo suspiro de felicidad. La noche vuelve a ser dulce y tranquilizadora, los faroles brillan, y el cuento se posa muy suavemente, justo a tiempo para cerrar los ojos bajo la lucecita. Zélie no se burla de Réglisse por tener miedo de la oscuridad, y no dice que «no es nada». Se toma su miedo en serio, y luego convierte la noche negra en un juego, una investigación, una aventura: acoger el miedo de un pequeño y transformarlo en curiosidad es todo el espíritu de los cuentos para dormir de Tilibou. Y allá arriba, la luna vuelve a velar, como una gran lucecita dorada sobre toda la Aldea. Un cuento de Halloween tierno y sin pantallas, pensado para los más pequeños desde los 3 años, ideal para escuchar bien calentito a la hora de dormir, en el coche o antes de la siesta. Como siempre en Tilibou, el final se queda muy suave, sin música, para deslizarse hacia el sueño sin despertar a nadie. Todos los cuentos para dormir de Tilibou en