Tricotine, la araña que tejía
Esa noche, en la Aldea de las Calabazas, el aire estaba más fresco que de costumbre: el invierno se acercaba de verdad. Y en la Plaza de los Faroles, todos estaban preocupados, porque durante la noche había aparecido algo: una inmensa telaraña plateada, tendida entre los dos árboles más grandes, que brillaba en la niebla. Réglisse se asusta enseguida (una telaraña grande significa una araña grande, ¡y no le gustan nada las arañas, con tantas patas!). Toda la Aldea quiere quemar la tela, arrancarla, deshacerse de ella cuanto antes. «¡Esa araña nos va a atrapar a todos!» Pero Zélie, mirando mejor, se da cuenta de que la tela no tiene forma de trampa: tiene dibujos, motivos bien regulares… ¡parece más bien un tejido de punto! Y en efecto, quien la tejió no es una araña malvada, sino Tricotine, una araña que teje. Porque Tricotine, con sus ocho patas ágiles, no tiende ninguna trampa: teje preciosas bufandas y jerséis calentitos para proteger a la Aldea del frío que llega. Lo que todos tomaban por una amenaza era en realidad un regalo. Basta con ir a hablar con ella, en vez de espantarla, para descubrir a la más dulce y útil de las vecinas. Este cuento le enseña a tu hijo a no juzgar por las apariencias, y a no tener miedo de lo que simplemente es diferente. Muestra, sin dar lecciones, que a menudo nos equivocamos con los demás cuando tenemos miedo, y que un poco de curiosidad y de amabilidad siempre valen más que la desconfianza. Un bonito mensaje sobre la tolerancia. Y cuando toda la Aldea, bien calentita con las prendas de Tricotine, por fin viene a darle las gracias, la gran telaraña plateada ya no tiene nada de aterradora: brilla como un bonito encaje en la noche. El cuento se posa entonces muy suavemente, calentito bajo una bufanda nueva, justo a tiempo para cerrar los ojos. Zélie no sigue el miedo de la multitud que quiere destruirlo todo: mira, piensa, va a ver de cerca antes de juzgar. Enseñarle a un pequeño a comprender antes de tener miedo es todo el espíritu de los cuentos para dormir de Tilibou. Y en la Plaza de los Faroles, los hilos plateados brillan suavemente, mientras Réglisse se prueba, como quien no quiere la cosa, su nuevo jerseicito. Un cuento de Halloween tierno y sin pantallas, pensado para los más pequeños desde los 3 años, ideal para escuchar bien calentito a la hora de dormir, en el coche o antes de la siesta. Como siempre en Tilibou, el final se queda muy suave, sin música, para deslizarse hacia el sueño sin despertar a nadie. Todos los cuentos para dormir de Tilibou en