Pim no consigue envolver los regalos
A pocos días de la Navidad, el taller del Polo Norte funciona a toda máquina. En cada mesa, un duende hace paquetes: chas las tijeras, frus el papel, plof el lazo. Un paquete, luego otro, y otro más. Todos los duendes son rápidos, todos son mañosos… todos, menos uno. Los paquetes del pequeño Pim siempre parecen coliflores: el papel se arruga como un mar en día de tormenta, las esquinas salen por todas partes, y la cinta se hace un nudo justo donde no debe. Boucle, la duende más rápida del taller, le enseña «el Método Boucle»: esquina, esquina, doblez limpio, cinta tensa, lazo firme, cinco segundos, ¡y ya está! Pero por mucho que Pim lo intente, y lo intenta muchísimo, su cinta se enreda otra vez, a veces sin siquiera tocarla. Y empieza a creer, muy tristón, que no lo conseguirá jamás, jamás de los jamases, y que sus paquetes siempre serán un desastre. Sin embargo, a fuerza de volver a empezar, un doblez tras otro, una cinta tras otra, Pim acaba descubriendo el gran secreto de todas las cosas difíciles: casi nunca sale bien a la primera, y no pasa absolutamente nada. Se prueba, uno se equivoca, se vuelve a empezar un poquito mejor… y un buen día, sus manos se vuelven seguras, y el lazo aguanta firme. Este cuento ayuda a tu hijo a entender que equivocarse no es grave, y que cada intento, aunque salga mal, nos acerca un poco más al logro. Es un mensaje valioso sobre la perseverancia, sobre la paciencia que nos debemos a nosotros mismos al aprender, y sobre el gran orgullo que se siente el día en que, por fin, lo conseguimos solitos, como los mayores. Y cuando el primer paquete bonito de Pim por fin está listo, pulido, colocado con orgullo bajo el árbol, el taller recupera su calma cálida. Pim resplandece de orgullo, los duendes guardan sus cintas, y el cuento termina apaciblemente, como un largo suspiro de satisfacción tras un buen día de esfuerzo, justo a tiempo para cerrar los ojos. Boucle no se burla de los paquetes arrugados de Pim; incluso acaba llamándolos «artísticos», y sobre todo se toma el tiempo de enseñarle, una y otra vez, sin perder nunca la paciencia. Acompañar a un pequeño que aprende en vez de hacerlo por él es todo el espíritu de los cuentos para dormir de Tilibou. Y en el taller, la estufa ronronea tranquila mientras la nieve cae tras los cristales. Un cuento de Navidad sin pantallas, pensado para los más pequeños desde los 2 años, ideal para escuchar bien calentito a la hora de dormir, en el coche o antes de la siesta. Como siempre en Tilibou, el final se queda muy suave, sin música, para deslizarse hacia el sueño sin despertar a nadie. Todos los cuentos para dormir de Tilibou en