La Navidad en que falta un calcetín
La víspera de Navidad, en el Polo Norte, hay una tradición muy importante. Para cada niño del mundo se prepara un calcetín suave, que se colgará en la esquina de la chimenea y que Papá Noel llenará de pequeñas sorpresas. En su gran cesta de lana, la duende Boucle los cuenta uno por uno: novecientos noventa y ocho, novecientos noventa y nueve, ¡mil! Pero de pronto, al contar de nuevo, palidece: solo hay novecientos noventa y nueve. ¡Falta uno! En algún lugar hay un niño que no tendrá calcetín en su chimenea. Entonces todo el taller se pone a buscar el número mil: bajo el banco, detrás de la estufa, en el Gran Saco, hasta en la olla de chocolate caliente. El viejo Brindille, por su parte, cuenta que en el año mil colgaban manoplas, o botas, o incluso un cazo (¡así un niño recibió una buena sopa de regalo!). Pero el calcetín no aparece por ninguna parte. A fuerza de buscar entre todos, los duendes comprenden poco a poco algo mucho más grande que el calcetín perdido: lo que hace mágica la Navidad no es un objeto, ni siquiera el más precioso. Es estar todos juntos, esforzarse los unos por los otros, y desear con todo el corazón que ni un solo niño quede olvidado. Este cuento ayuda a tu hijo a relativizar con suavidad los pequeños problemas y a mirar lo esencial. La alegría de la Navidad, en el fondo, no depende de un calcetín, sino de toda la ternura y el calor que llenan la casa cuando estamos juntos. Un bonito mensaje, deslizado muy bajito en un oidito. Y cuando el calcetín número mil por fin aparece, escondido en el lugar más inesperado del mundo, todos se ríen de alivio, y la paz vuelve de golpe al taller iluminado. El cuento termina entonces muy suavemente, en el calor de una Navidad reencontrada y compartida, justo a tiempo para acurrucarse y cerrar los ojos. Nadie discute y nadie se enfada por el calcetín que falta; los duendes buscan juntos, se ayudan, y Brindille le quita hierro con sus historias del año mil. Convertir un pequeño estrés en una aventura alegre para vivir entre varios es todo el espíritu de los cuentos para dormir de Tilibou. Y mientras tanto, la gran olla de chocolate humea suavemente junto al fuego. Un cuento de Navidad sin pantallas, pensado para los más pequeños desde los 2 años, ideal para escuchar bien calentito a la hora de dormir, en el coche o antes de la siesta. Como siempre en Tilibou, el final se queda muy suave, sin música, para deslizarse hacia el sueño sin despertar a nadie. Todos los cuentos para dormir de Tilibou en