La gran tormenta de nieve
Es la tarde del gran día, la tarde del veinticuatro de diciembre. En el Polo Norte, todo está listo: los mil por mil regalos en el Gran Saco, los calcetines doblados, los renos cepillados, el trineo pulido. Dentro de unas horas, Papá Noel volará hacia la noche más bonita del año. Todos están contentos… y de repente, se levanta el viento. El cielo se vuelve todo blanco, no el bonito blanco de la nieve tranquila, sino el blanco que gira, el blanco que se enfada. En pocos minutos, una gran tormenta de nieve envuelve el taller. No se ve nada por las ventanas, la nieve se amontona contra las puertas, el viento sacude el tejado, y en el establo los renos piafan inquietos. La puerta está bloqueada, no se ve a tres pasos, y el trineo jamás podrá despegar con esta ventisca. «Pero es la noche de Navidad», susurra Pim. «Si no salimos, todos los niños del mundo se despertarán sin nada.» En lugar de dejarse llevar por el pánico, todos aprenden a hacer una cosa muy sencilla: respirar, apretarse los unos contra los otros, y esperar con calma, manteniendo la confianza, a que la tormenta asome la nariz. Porque hasta la mayor tormenta de nieve siempre acaba, tarde o temprano, por cansarse y calmarse. Tu hijo descubre, con este cuento, que uno nunca está del todo perdido mientras permanezca acompañado y mantenga la calma, y que hasta las noches más agitadas y ruidosas también acaban siempre por calmarse. Es un cuento tranquilizador sobre la sangre fría, la paciencia y la dulce certeza de que la tormenta, un día, siempre para. Y cuando el viento por fin amaina, los copos se posan y el gran cielo se despeja, todo se vuelve maravillosamente silencioso y brillante. El trineo por fin puede lanzarse bajo las estrellas, y el cuento se posa muy suavemente, como la nieve que vuelve a caer tranquila tras la tormenta, para llevar a tu pequeño, sereno, hacia un sueño bien tranquilo. Papá Noel no finge que no hay ningún peligro, y tampoco se asusta. Dice las cosas con calma, tranquiliza a los renos asustados, y espera el momento adecuado: nombrar el miedo sin dramatizarlo, y mantener la confianza juntos, es todo el espíritu de los cuentos para dormir de Tilibou. Y en el taller bien calentito, el fuego crepita mientras la tormenta ruge fuera, como una gran manta de sonido. Un cuento de Navidad sin pantallas, pensado para los más pequeños desde los 2 años, ideal para la hora de dormir, la siesta o el camino. Como siempre en Tilibou, el final se queda muy suave, sin música, para llegar al sueño con calma. Todos los cuentos para dormir de Tilibou en