La estrella caída en el Fin del Mundo
Cuento para dormir y episodio especial de la temporada de Tom el Pirata. Esta mañana, sobre el mar más azul del mundo, la Sardina Real zarpa con cuatro marineros en vez de dos: Tom ha invitado a bordo a sus mejores amigos, Alban y Marceau. Les presenta a Moustache, el pulpo redondito de la tetera, abre el cofre de los diecinueve recuerdos, y entonces llega a cubierta un mapa doblado por unas manos pequeñas. Lo firma una niña. Cada noche le pide su deseo a la misma estrella, la de abajo del todo. Anoche la vio resbalar y caer al mar, y ahora el cielo tiene un agujero. El mapa se canta: navega recto, hasta donde el azul se acaba, la estrella cayó al agua, devuélvela a su fiesta. Rumbo al Fin del Mundo, donde el mar toca el cielo y no ha ido nunca nadie. Allí la oscuridad es espesa: ese rincón de mar era justo el que la estrella iluminaba. Marceau, que siempre mira despacito lo que nadie mira, distingue una lucecita temblando bajo el agua. Es Étincelle, no más grande que una mano de niño, pálida y casi apagada. La primera idea sale mal: Alban trepa a la cofa y la lanza al cielo con todas sus fuerzas, pero Étincelle vuelve a caer con un plof blandito. Y Moustache, muerto de miedo en la oscuridad, suelta su nube de tinta. Negro encima del negro. Entonces Tom para todo y hace por fin la pregunta que hacía falta: ¿por qué no consigue subir Étincelle? Porque ya se cayó una vez y tiene miedo de volver a caerse, y porque se cree demasiado pálida para que el cielo la vea. Marceau le promete que su sitio sigue ahí, negro y vacío, esperándola, y que una estrella no se sustituye. Y la tinta de Moustache, lo que siempre lo estropea todo, se vuelve el cielo de noche más bonito del mundo. Sobre ese terciopelo negro la estrellita se atreve a brillar, el cielo la ve y sube ella sola, sin que nadie la empuje. Al cofre entra el recuerdo número veinte: una pizca de polvo de estrellas. Pensado para el ritual de irse a la cama, este episodio más largo suma dos amigos nuevos al mundo de Tom y deja una idea que tranquiliza: para ayudar a alguien no basta con ir rápido y solo, sale mucho mejor ir despacio y acompañado. Y lo que uno toma por un defecto, como la tinta de Moustache, puede ser justo lo que los demás necesitaban. Un cuento sin pantallas, pensado para niños de 3 a 5 años, ideal para escuchar a la hora de dormir, en el coche o antes de la siesta. Como siempre en Tilibou, el final se queda muy suave, sin música, para deslizarse hacia el sueño sin despertar a nadie. Todos los cuentos para dormir de Tilibou en



