El regalo olvidado en el fondo del saco
La mañana siguiente a la Navidad, en el Polo Norte, es la mañana más tranquila del mundo entero. La gran ronda ha terminado, todos los regalos están repartidos, Papá Noel ronca en su sillón con las zapatillas todavía puestas, y los duendes duermen sobre montañas de papel de regalo. Todos duermen… todos menos uno: el pequeño duende Pim, que quiere dar una sorpresa y recoger él solito el Gran Saco antes de que despierten los demás. Pero el Gran Saco no está del todo de acuerdo con que lo doblen. Porque este saco, aunque no lo creas, ¡habla! Y refunfuña que no se dobla un saco que todavía no está vacío. Pim no se lo cree: la ronda ha terminado, todos los regalos se han ido. Entonces el Saco lo invita a asomarse hasta el fondo, a la oscuridad y al eco… y allí, contra la costura más escondida, Pim nota algo. Un último regalito, olvidado, que nunca se entregó. El corazón de Pim da un brinco. ¡Ni hablar de dejar a un niño sin su regalo! Así que, sin despertar a todo el taller, corre a buscar a Papá Noel, y los dos salen de nuevo al frío amanecer, por encima de los tejados dormidos, buscando la casa donde ese regalo todavía se espera. Una última rondita, solo para un único niño, porque nadie debe quedar olvidado. A lo largo de este viaje tranquilo, tu hijo descubre una bonita idea: cada persona cuenta, incluso la última, incluso a la que casi se olvida. Es un cuento tierno sobre la atención a los demás, sobre el cuidado que se pone en no dejar a nadie atrás, y sobre la alegría sencilla y cálida que se siente al reparar un pequeño olvido antes de que cause pena. Y cuando el último regalo por fin se desliza junto a la chimenea correcta, con el corazón ligero, ya solo queda volver a casa a descansar. El cielo se tiñe suavemente de rosa, la nieve brilla, y el cuento se posa muy suavemente, como un largo suspiro de satisfacción tras una noche hermosa, justo a tiempo para acurrucarse y cerrar los ojos. Papá Noel no se enfada por haber olvidado un paquete, y tampoco dice que no pasa nada. Se toma a Pim en serio, se pone otra vez el abrigo y sale enseguida: reparar un olvido con calma y ternura, sin regañarse a uno mismo, es todo el espíritu de los cuentos para dormir de Tilibou. Y mientras vuelan, el viejo Gran Saco ronronea suavemente en el fondo del trineo, feliz de haber guardado calentito su último tesoro. Un cuento de Navidad sin pantallas, pensado para los más pequeños desde los 2 años, ideal para la hora de dormir, la siesta o el camino. Como siempre en Tilibou, el final se queda muy suave, sin música, para llegar al sueño con calma. Todos los cuentos para dormir de Tilibou en