Caramel tiene miedo de volar en la oscuridad
En el fondo del establo del Polo Norte, en la caballeriza más cercana a la lamparita, vive un joven reno color caramelo. Es casi la hora de la gran ronda: todos los renos grandes piafan, impacientes por lanzarse al cielo. Todos… menos uno. Caramel, en cambio, tiembla en su heno, y hasta ha dejado enfriarse su chocolate caliente. Porque esta noche, por primera vez, debe volar de verdad, muy alto, en la oscuridad. «Tengo miedo de la oscuridad, y tengo miedo del vacío», le confía a su amigo Pim. «Y allá arriba, de noche, están los dos a la vez.» Papá Noel, muy despacito, se acerca a su caballeriza. No lo regaña, no lo obliga. Solo le propone intentarlo un poquito, quedándose muy cerca, y dejándose guiar por la luz tranquilizadora de las estrellas y de quienes lo quieren. Así, paso a paso, pezuña tras pezuña, Caramel aprende que se puede tener mucho miedo y avanzar de todos modos. Deja el suelo temblando, luego se deja llevar, y poco a poco descubre que el gran cielo negro no es tan terrible cuando uno no está solo en él. Su miedo, muy suavemente, se transforma en asombro. En el pequeño Caramel, tu hijo reconoce todos sus propios miedos de la noche, esos que crecen cuando se apaga la luz. Y descubre, junto con el reno, una idea que tranquiliza para toda la vida: ser valiente no es dejar de tener miedo, es simplemente atreverse a dar un paso más a pesar del miedo, de la mano de alguien que nos quiere. Un cuento suave para domar la oscuridad. Y cuando Caramel por fin planea, ligero y orgulloso, por encima de los pueblos dormidos y brillantes, la noche se vuelve dulce, bonita y amiga. El cuento se posa entonces muy suavemente, como el reno que vuela sin esfuerzo, para llevar a tu pequeño, tranquilo y sereno, hasta el sueño. Papá Noel nunca le dice a Caramel que su miedo es una tontería, y no lo obliga a nada. Lo escucha, se queda a su lado, y lo deja avanzar a su ritmo: acoger el miedo de un pequeño sin restarle importancia es todo el espíritu de los cuentos para dormir de Tilibou. Y en el establo templado, la lamparita vela sobre él como una estrellita posada, hasta que los párpados pesan. Un cuento de Navidad sin pantallas, pensado para los más pequeños desde los 2 años, ideal para la hora de dormir, la siesta o el camino. Como siempre en Tilibou, el final se queda muy suave, sin música, para llegar al sueño con calma. Todos los cuentos para dormir de Tilibou en